Muchos habréis leído algo aquí y allá sobre bitcoin, la criptomoneda que se proponía darle una vuelta a la economía mundial y que sigue siendo una alternativa singular a las monedas tradicionales. Probablemente muchos menos hayáis oído hablar o leído algo sobre la cadena de bloques, más popularmente conocido por el término que la define en inglés, blockchain.

La cadena de bloques es pilar fundamental de bitcoin, pero en realidad podría ser pilar de muchas más cosas. Esta forma de transferir un mensaje digital ofrece ventajas claras en temas como la seguridad o la integridad del mensaje, y aunque teóricamente parece ligada de forma indivisiblea las criptomonedas, este componente va mucho más allá. O al menos, puede hacerlo: veamos para qué se está usando la cadena de bloques más allá de bitcoin.

¿Qué es la cadena de bloques?

Hace ya dos años que comenzamos a hablar de bitcoin y de la singular transformación que proponía en el segmento de la economía. Esta criptomoneda mostró sus virtudes tecnológicas ya entonces, y aunque incluso en temas que refuerza como los de la seguridad no es inmune a ciertos ataques que se centran en otros eslabones de la cadena, como ya se demostró en agosto del año pasado.

Buena parte de la “magia” de esa y otras criptomonedas se basa en el uso de la cadena de bloques, un elemento fundamental que también exploramos hace unos meses en detalle. En aquel momento destacábamos cómo la cadena de bloques -una especie de “libro de contabilidad 2.0”, pero que no solo puede contabilizar dinero- podría convertirse en una alternativa al sistema SWIFT imperante en las transacciones bancarias, y las razones son varias:

Primero, es un sistema muy seguro, y además esta seguridad se basa en la fortaleza de la criptografía, no en redes paralelas de datos. Segundo, es muy económico, pues cualquiera puede operar a coste prácticamente cero en Bitcoin y lo único que tiene que hacer es proteger fuertemente sus claves privadas. Tercero, es muy rápido. Y cuarto, incluso si la banca tradicional decide estancarse pueden surgirle competidores que usen blockchain para mandar dinero entre países a costes irrisorios.

Hablábamos entonces de escollos para el uso de la cadena de bloques, siendo el principal la necesidad de que la operación debía realizarse en bitcoins. De hecho, decíamos entonces, “estaríamos limitados a la liquidez del mercado de Bitcoins en los países de origen y destino”. Y aun así, las ventajas son evidentes, ya que la cadena de bloques salvaguarda todo tipo de datos sobre las transacciones económicas y permite verificar que el dinero proviene de fuentes legítimas y que ese dinero no ha surgido de la nada.

No hay que confundir la función de la cadena de bloques a la hora de facilitar esas transacciones con el anonimato. Aunque bitcoin se convirtió en moneda de cambio para compras de objetos pertenecientes a mercados ilegales -recordaréis el suceso con Silk Road- una de las virtudes de la cadena de bloques es la de poder vincular unívocamente a cada usuario, y que el identificador de cada usuario esté vinculado a una persona real, como si fuera una cuenta bancaria.

Otra de las claras ventajas de bitcoin y del esquema planteado por la cadena de bloques es que se aparta de esa filosofía centralizada que ha imperado en Internet durante las últimas dos décadas. La relación de transferencias -en el caso de la criptomoneda y de esas operaciones económicas- está distribuida, descentralizada, y es muy segura. Tanto que resuelve los problemas “clásicos” de la transferencia de moneda electrónica: fraude, dependencia de un servidor central, o ese doble gasto que permite que se pueda pagar dos veces con la misma moneda.

La cadena de bloques es además muy avariciosa en el registro de datos. Es como un prestamista puntilloso e inflexible: guarda todas las transacciones desde que la criptomoneda -o lo que quiera que controlemos con la cadena de bloques- se creó, y cada vez que el bitcoin cambia de manos, se registra ese movimiento, que además es público y está disponible para todos los que hacen uso de la cadena de bloques. ¿Dinero de dudosa procedencia en forma de bitcoins? Imposible.

No todo es perfecto, claro: uno de los problemas de este sistema es que es algo lento: la prueba de trabajo que se necesita para verificar todo el proceso tarda en conseguirse, lo que hace que los procesos en tiempo real puedan salir perjudicados. En Blockchain.info se muestran tiempos de espera promedio para confirmar las transacciones, y estos oscilan entre los 6 y los 11 minutos, y si se reduce el tiempo de obtención de la prueba de trabajo podemos debilitar la seguridad de todo la transacción. Y aun así, las ventajas superan a ese inconveniente y otros que plantean diversas alternativas que tratan de “reforzar” la cadena de bloques original de bitcoin con nuevas prestaciones.

La cadena de bloques como prometedor pilar de un futuro descentralizado

Los defensores de este tipo de esquema ya han dejado claro que las posibilidades de la cadena de bloques son casi ilimitadas a la hora de aplicarse a nuevos mercados y a los existentes, así como a nuevos servicios (o existentes) que pasen a esa filosofía descentralizada. La red de usuarios de este esquema se convierte en fuente de confianza, en una forma de conferir legitimidad a la moneda u objeto que se acoge a la cadena de bloques. Como ocurrió con internet, nadie la posee, pero todos pueden participar libremente.

Como revelan en BackChannel, los campos de aplicación de la cadena de bloques son como decíamos muy numerosos. En “Bitcoin: It’s the platform, not the currency, stupid!” (“Bitcoin: ¡es la plataforma, no la moneda, estúpido!”) Ya hacían un excelente manifiesto sobre las posibilidades de esta plataforma de transacciones descentralizadas y sus potenciales aplicaciones.

Evidentemente el sistema financiero y su transformación a un segmento descentralizado es especialmente apetecible. Adiós a los bancos (bueno, quizás más bien sería un hasta luego) y a la influencia que estas entidades tienen en la sociedad. Algunos ya han calificado a bitcoin como el Napster de las finanzas, pero en realidad no es una comparación adecuada, puesto que Napster proporcionaba ese esquema P2P para el intercambio de contenidos (en concreto, canciones) protegidos por los derechos de autor. El efecto final sería no obstante el mismo: transformaría la industria financiera como Napster lo hizo en el segmento de la música.

Ethereum

En Ethereum tres grandes componentes forman el sistema: la cadena de bloques, el protocolo de transferencia de ficheros (Swarm) y el de mensajería (Whisper).

Aunque hay intentos de provocar esa transformación con bitcoins, hay otros esfuerzos importantes en marcha, y uno de los más destacables es Ethereum, una organización sin ánimo de lucro creada por un joven ruso-canadiense de 21 años llamado Vitalik Buterin. Este desarrollador es especialmente ambicioso en su aplicación de la cadena de bloques y entre otras cosas quiere convertir su propia criptomoneda, el Ether (qué nombre tan apropiado para una película de ciencia-ficción), en la base de esa nueva estructura descentralizada.

Buterin ha logrado captar el interés de la comunidad de usuarios -ya se han invertido cerca de 20 millones de dólares en el proyecto gracias a una campaña de financiación colectiva en bitcoins- y de los desarrolladores que han empezado a colaborar con él. Con Ethereum no obstante la revolución que se plantea va más allá de la moneda, y teóricamente podría ser aplicable a cualquier servicio o segmento gracias al uso de una cadena de bloques compatible con diversos lenguajes de programación. Como explicaba el propio Buterin, “en lugar de que Javascript haga llamadas al servidor, podrías hacer llamadas a la cadena de bloques”. El concepto, desde luego, es ambicioso.

La idea de Buterin con su Ethereum tiene también sus detractores, y no solo aquellos más conservadores y que prefieren seguir utilizando los sistemas financieros actuales. Gavin Andresen, uno de los principales desarrolladores de bitcoin, ya comentó en su blog que “sospecho que están intentando hacer demasiadas cosas -la complejidad es el enemigo de la seguridad- y que terminarán o bien reduciendo de forma dramática el alcance de lo que tratan de hacer o se cansarán de jugar al gato y al ratón con vulneabilidades de seguridad y ataques DoS”.

Ethereum es un buen ejemplo de una Corporación Autónoma Distribuida (DAC, por sus siglas en inglés) un tipo de empresa que funcionaría de forma que las reglas del negocio serían públicas y auditables, además de estar distribuidas en los ordenadores de los accionistas. Esos accionistas pueden ser externos o trabajar para esa corporación, que a su vez pagaría en acciones al proporcionarles ciertos servicios. Los trabajadores se convertirían en accionistas y participarían en su crecimiento, además de tener voz y voto sobre esas reglas auditables de negocio. La idea podría extrapolarse a corporaciones altruistas (ONGs) que evitarían también posibles fraudes con donaciones y cuya gestión sería pública y transparente para que los fondos recolectados pudieran ser auditados.

Otras ideas dirigen bitcoin y la cadena de bloques a ese concepto tan atractivo pero tan difícil de llevar a cabo como los micropagos. Es lo que están intentando por ejemplo en Ripple Labs -comenzaron como OpenCoin- y su protocolo Ripple para transacciones rápidas, sencillas, seguras, y que además no tienen por qué realizarse con bitcoins. Aun así recientemente ha recibido críticas por su funcionamiento “no tan descentralizado” y la congelación de 1 millón de dólares de los fondos de usuarios, lo que deja claro que aunque sobre el papel estos proyectos parecen muy prometedores, hay luces pero también sombras en ellas. De hecho, en American Banker hablaban recientemente de cómo la aparición masiva de diversos proyectos con cadenas de bloques distintas a la de bitcoin es interesante por las ideas que se aportan -Ethereum y Ripple son dos buenos ejemplos, como también lo es Eris Industries-, pero añade complejidad y fragmentación y eso frena el avance de esta tecnología en mercados consolidados.

Sea como fuere, incluso la nueva apuesta por servicios de financiación colectiva como Kickstarter tiene su traducción al mundo Bitcoin: cualquiera podrá poner pronto en marcha su propia campaña -en bitcoins, claro- si hace uso de desarrollos como el de Lighthouse Project, cuyo creador prometía tenerlo listo muy pronto.

La gestión de la identidad es otro de los segmentos en los que la cadena de bloques también está comenzando a dar pasos importantes. Hoy en día es difícil verificar la identidad de un usuario, algo que de hecho haría mucho más sencillo establecer un sistema de pagos electrónicos más fiable. Esto serviría también para eliminar la centralización que imponen redes sociales como Twitter o Facebook a la hora de identificarnos, y haría que ese trabajo -no el de almacenar los mensajes- lo realizasen proyectos como Twister o Trsst, que tratan de garantizar la integridad de los mensajes verificando que quien los ha enviado y publicado es quien dice ser y que el mensaje no ha llegado “modificado” por terceras partes.

Otro de los problemas que podría ayudar a resolver la cadena de bloques es el de la gestión de los derechos de autor y las licencias de trabajos creativos. En Ascribe llevan tiempo trabajando con Creative Commons France para producir un sistema con el que los autores y creadores podrían acceder a una nueva forma de verificar que son los responsables de una obra, gestionar su uso -todas las transacciones (“publicaciones”) quedarían registradas en la cadena de bloques”- o compartirlo.

Ese impacto ya se está dejando notar en varias instituciones ya consolidadas, que parecen no renunciar a los beneficios que puede proporcionar la cadena de bloques. Su implantación experimental es ya una realidad en el Nasdaq Private Market. En España hemos podido conocer el interés de varios bancos como Bankinter o BBVA por bitcoin, y hace poco hemos sabido del interés del Banco Santander no ya por el bitcoin, sino por la cadena de bloques: este grupo ha invertido en empresas que están investigando en la forma de aprovechar esa filosofía en la banca tradicional, algo que están haciendo otros gigantes como Barclays.

La cadena de bloques como clave de la descentralización

Algunos llaman a bitcoin la tercera democratización tecnológica de nuestra era. “La primera vino gracias a internet, y habilitó la democratización de la información. La segunda democratización comenzó con la impresión 3D, es la democratización de la fabricación en la que las fábricas se convierten en algo obsoleto. Ya no son necesarias para construir un producto. Ahora estamos a punto de encontrarnos con la tercera fuerza democratizadora. Es la democratización del dinero y las finanzas. Ya no habrá más monopolios que controlen nuestro dinero o nuestros negocios. Bitcoin es libertad”.

Descentralizacion

La descentralización (y su consecuencia, la democratización) de ese tipo de segmentos está siendo vista como la gran revolución de nuestros días, y esa cadena de bloques parece ser el componente clave de esa potencial descentralización global. Ahora queda por ver si este tipo de proyectos logran despegar, pero todo apunta a que de hacerlo la implantación será larga y tediosa.

Está ocurriendo con bitcoin, la criptomoneda por la que muchos emprendedores suspiran: en estos años de disponiblidad ha habido un verdadero frenesí por la minería de bitcoins y la aparición de alternativas que prometían lidiar con las teóricas desventajas de ese proyecto original. Lo mismo está ocurriendo con la cadena de bloques, que parece aún más prometedor por el impacto que podría tener en esa democratización no solo de las finanzas, sino de multitud de segmentos adicionales. La transparencia y la eficiencia de este “protocolo” son realmente prometedoras, y a priori este concepto puede ser uno de los más relevantes en el futuro. Pase lo que pase, estaremos aquí para contarlo.

Fuente: xataka.com

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