Las universidades son un foco de emprendedores, aspirantes con ilusiones que se lanzarán al temido mundo laboral antes de lo que creen. Esto está bien pero, ¿qué puedes evitar a la hora de lanzarte al vacío? Existen unos parámetros que demasiados jóvenes emprendedores llevan a cabo de forma similar, y que si no se sanean pueden costarle el puesto laboral –y la idea de negocio-.

Invertir demasiado al inicio en recursos.

Invertir es la base del emprendedor, pero si lo haces de forma ciega o desmesurada es posible que tus posibilidades se agoten antes de lo que crees. ¿La solución? Un buen estudio de mercado.

Preguntar al cliente inadecuado.

Normalmente nos movemos en nuestra zona de confort cuando queremos saber qué hacer o qué no hacer. Hay que abrir este horizonte y poner nuestras miras y desconocidos que puedan darte un punto de vista objetivo y algo más real.

No saber qué se vende.

Pasa más a menudo de lo que se piensa, ya que no se sabe cuál es la propuesta de valor que ofrecemos, por lo que no podemos sacarle el máximo partido.

Saber cuándo parar.

Esto va relacionado con enamorarte de forma ciega de una idea, lo que está bien, pero la testarudez puede llegar a cegarte objetivamente y fracasar en el intento.

El trabajo en equipo, a veces el gran olvidado.

Emprender solo es imposible, ya que se requiere de profesionales especializados en cada sector.

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