Bueno no está reñido con sencillo…

Invierte en migajas

En el mercado Fintech estamos comenzando a ver movimiento, pero sobre todo negocios que se copian los unos a los otros. Menos la estadounidense Acorns, una app que, conectada a tus tarjetas, cada vez que haces una compra, redondea el pico hasta el siguiente euro e invierte esa cantidad en fondos de inversión, acciones automáticamente. Tú gastas, no sé, 69,34 euros en algo y ellos invierten 66 céntimos por ti.

El diablo que viste de prada

La idea de negocio podría ser más sencilla, pero es difícil. Y no se le había ocurrido a nadie antes. Cuando lo lean nuestras compañeras del Elle, las que no nos hablan cuando nos cruzamos con ellas en la máquina del café, se van a morder –figurativamente– las uñas. Se trata de Moda Operandi, una tienda online donde puedes encargar los modelos que ves en la pasarela y que las firmas de moda todavía no se han puesto a fabricar porque, básicamente, todavía no han corregido –muchas veces los diseñadores van volados y terminan sus diseños en el backstage pinchando alfileres aquí y allá–.

Lo de las compañeras del Elle era broma. Lo de este negocio, no. En el fondo les sirve de estudio de mercado a los diseñadores y nos recuerda al modelo de Made.com, en el que no se fabrican los muebles que a la gente le gusta hasta que hay suficientes consumidores como para hacer la fabricación bajo demanda interesante. Ah, además de financiarte con tus clientes por adelantado.

Impresión 3d distribuida

¿Qué tienen en común una marca que fabrica cascos de moto con información útil en la visera que dejan en pañales a las gafas de Google, una empresa que fabrica collares de perros con GPS que analizan las constantes vitales y una carcasa para móviles que funciona como altavoz de calidad para convertir tu dispositivo en un loro en toda regla? Los tres fabrican sus piezas a través de Fictiv, una plataforma de impresión en 3D que deriva los trabajos a las fábricas en función de sus huecos de producción y de la cercanía a las empresas contratantes de la primera parte. Sólo así son capaces de ofrecer envíos incluso en el mismo día por si tienes un pico de producción y una necesidad de última hora (que, por cierto, mal por ti, por no haberlo previsto).

Puestos a copiar a airbnb…

RV Share alquila de caravanas entre particulares para escapadas de fin de semana a través de una plataforma web con ánimo de lucro (los que las alquilan y la plataforma).

Clases de código o las nuevas clases de chino

Si no tienes una vecina que presume en el ascensor de que su hija de cinco años, la misma que te acaba de dar una patada en la espinilla, justo cuando su madre no estaba mirando, la misma que te ha sacado, además, la lengua, va a clases de chino porque el chino es el lenguaje del futuro, ¿sabes? lo más normal es que esta oportunidad ni te vaya ni te venga. En cuanto hemos visto BitsBox, un negocio estadounidense que propone un curso por correspondencia para aprender a programar de forma divertida para niños a partir de cinco años, se ha ganado nuestro corazoncito, dolido por la patada en la espinilla y porque nosotros sólo llevamos a nuestra niña a inglés. El curso sigue un modelo de suscripción que envía una cajita a casa con los retos de ese mes para los niños.

No sólo Kruschev lanzaba zapatos

A ver qué te parece estos razonamientos.

  • Unos zapatos de diseño hechos a mano en Italia para mujer rondan entre los 450 euros y los 1.800 euros.
  • Muchas marcas que antes fabricaban en Italia estos zapatos dejaron de hacerlo ahí y comenzaron a producir en Asia. Incluso muchas marcas abrieron fábricas propias.
  • En Italia sólo se quedaron las marcas de lujo de primera línea.
  • Esos zapatos hechos a mano por las marcas de lujo son demasiado caros.
  • ¿Y si se pudiera fabricar directamente en Italia zapatos para mujer de primera línea, pero entre 150 euros y 250 euros el par? ¿Y si sólo estuvieran a la venta durante un par de meses? ¿Y si se lanzara un nuevo zapato cada semana al mercado? ¿Y si todo esto se hace online?

Bueno, ¿qué te parece el argumento? La idea se llama MGemi.com y se le ha ocurrido a Ben Fischman, el emprendedor que montó el mediático club de ventas flash Rue La La.

Abogadofunding

La verdad es que es de ese tipo de negocios que esperamos que nunca lleguen a España, pero que no podemos dejar de contarte. Lexshares es sencillo de explicar: es un Kickstarter de causas legales para gente que no se puede permitir pagar a un abogado (al menos, hasta ganar). Otra cosa es que fuera de Estados Unidos sea fácil de comprender. El negocio tiene, eso sí, letra pequeña: sólo permite que se financien el tipo de campañas en las que alguien humilde se enfrenta a una gran empresa o a una institución pública, que ha tenido a bien hacer gala de su bien engrasada maquinaria legal para hacer valer sus intereses. Vamos, que dentro de nada tenemos una novelita de John Grisham inspirada en esta idea de negocio.

Lencería orgánica

Uno de los negocios que más nos gustó a la Redacción de Emprendedores en 2014 fue EcoAlf, una marca de ropa sostenible a partir de plástico, neumáticos, restos de café y hasta redes de pesca que ya vende en 12 países y que tiene un modelo de distribución mayorista y que cuenta con una línea razonablemente asequible y otra de gama más alta. Esta empresa nos hizo creer, de nuevo, en la fabricación orgánica. Así que, ¿cómo no nos iba a llamar la atención ahora Organic Lingerie, una marca de moda francesa, que propone exactamente lo mismo, pero con lencería?

Fuente: www.emprendedores.es

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